03
Nov

* Las muertes más estúpidas de la historia

La muerte, un tema muy delicado y poco hablado abiertamente en sociedad, no siempre tiene que despertar sentimientos tristes en nosotros. Aunque puede sonar un poco duro y absurdo, a lo largo de la historia se han dado muchas muertes de las que uno sólo puede pensar: ¡Ay, qué tontería! Si hablamos de las personalidades más importantes de la historia mundial y la manera de cómo perdieron la vida, muy a menudo es para llevarse las manos a la cabeza.

steve-irwin

Seguro que alguna vez te has leído alguna biografía de una personalidad importante. Curiosamente, a la hora de hablar de la muerte de dicha persona, en algunos casos ponen “desagradable accidente” y nada más. No sabemos si les da vergüenza de decirnos la razón de su muerte y de esta manera lo quieren arreglar todo, pero lo que podemos decir es que una muerte no necesita ser ridícula para ser estúpida.

En el caso de los franceses destaca sobre todo el sonado caso de François Vatel, el cocinero y maître del hotel de Luis XIV, que se suicidó en el año 1671 atravesándose con una espada. ¿Y por qué? Pues el perfeccionista gastronómico se volvió loco durante una gran fiesta reconcilatoria de 3 dias entre Luis XIV y el Principe Luis II de Bourbon-Condé. Durante uno de los grandes banquetes, un encargo de pescado no llegaba, siendo para Vatel el colmo del deshonor, y se suicidó para salvar su honor. Cuando el dichoso pescado llegó todavía había suficiente tiempo para celebrar la gran fiesta…. Y otra vez nos damos cuenta de que no tendríamos que tomarnos nuestros trabajos tan en serio.

También en Estados Unidos encontramos incontables „desagradables accidentes“ de famosas personalidades. Jack Daniel, por ejemplo, el fundador del famoso Jack Daniels Tennessee whiskey, murió en 1911 de una contaminación de bacterias en la sangre que surgió seis años después de herirse un dedo del pie por patear su caja fuerte al no acordarse de la combinación. Un ejemplo perfecto para enseñarnos que a veces tendríamos que mantener la serenidad.

La lista de las muertes absurdas es interminable: siguiendo con el escritor norteamericano Sherwood Anderson quien murió por haberse tragado un escarbadientes, pasando por Antoni Gaudí, el famoso arquitecto español, que falleció por atropellado por un tranvía, hasta el conocido ‘cazador de cocodrilos’ australiano Steve Irwin que fue matado al ser picado por una raya en el corazón durante las grabaciones arriesgadas para su programa Australia natal.

Nunca sabremos cuándo nos tocará a nostros y por eso tenemos que disfrutar cada día como si fuera el último.

Fuente: milanapartments

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